Mi viejo, que entonces no era mi viejo sino un gallito de apenas 14 años, se enroló en la primera campaña de alfabetización que organizó la revolución cubana hace 50 años. Los muchachos del barrio se fueron casi todos, Pepin, Pedro, Willie; los socios de la guerrilla callejera en la calle más honda de la ciudad, la que se volvía un rio cuando llovía. Con el tiempo Pepín y mi viejo se hicieron maestros, Pedro periodista y Willie se hizo cura católico.
A todos ellos los conmovió el entusiasmo, ninguno sabía nada de socialismo, comunismo o cosa parecida, lo que si todos sabían era que ser analfabeto era muy jodido y Fidel se había comprometido por todos ellos en la ONU a resolver ese problema en Cuba. Y allá se fueron.
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| Mi padre junto a la familia de Venerando Jiménez |
A mi padre lo mandaron para un monte, por la zona de Jatibonico, en las estribaciones del Escambray, a un lugar llamado "Las burras" AL familia que debía enseñar vivía en una casa encima de una colina, rodeada de pequeñas elevaciones que se iban haciendo más y más grandes con la distancia.
Por la falda de la loma, el río Jatibonico hacía filigranas entre las rocas.El sitio era un lugar de ensueño.
Pero en las noches, a la distancia, se escuchaban a veces disparos. En el Escambray se libraba una guerra contra los bandidos pagados por la CIA, quien mejor paga a los bandidos en aquellos y estos tiempos,
Los mercenarios andaban dispersos por todas aquellas lomas. Pero el gallito adolescente se acostumbró rápido a los riesgos, tenia una familia de cinco personas que enseñar y se concentró en la tarea.
Venerando Jiménez era el padre de aquella familia, tenía más de cincuenta años y todo lo que había hecho en su vida era trabajar la tierra y recibir maltratos como un burro de los gobiernos. Cuando le tocaba firmar alguna escritura, pasaba por la humillación de mancharse el dedo de tinta y marcar el pulgar, como única manera de certificar su condición de gente.
Por eso se tomó muy en serio eso de estudiar, y no admitía réplicas el mismo se sentaba al frente en la improvisada aula de la sala de la casa, a su lado Ines su esposa, el resto de los hijos acomodados en los taburetes. Aprendían la cartilla de español a la luz del farol chino.
Trabajo costó alfabetizar a una vecina que vivía en una casa cercana, Era una mujer de 34 o 35 años, no sabía leer ni escribir, ni sacar cuentas, pero si sabía encantar a los hombres. Así que cuando al gallito alfabetizador le dieron la orden de ir allí enseguida la pollona le echó el ojo. No se sabe si por estar el maestro distraído con las miradas "tumba cocos" de la dama, o por que ella misma era algo lenta en el estudio, lo cierto es que le costó muchísimo que la mujer aprendiera.
Pero la cosa se puso peor cuando el marido, que sabía bien con quien estaba casado, decidió supervisar las clases personalmente manteniendo siempre el machete a la vista. Por suerte los jefes de la zona mandaron de vuelta al joven maestro con la familia de Venerando y a la fogosa dama le pusieron una alfabetizadora.
Al final, como en las películas, todo el mundo lloró, Venerando y su familia escribieron las cartas a Fidel para agradecerle por el empeño de abrirles el camino al conocimiento, y no dejarlos como hasta entonces, un montón de burros en "Las Burras" Luego mi padre se fue a estudiar en la Escuela Lenín en E y 13 en el Vedado. Se hizo tornero, trabajó como obrero en un taller de ómnibus, luego se fue a dirigir la Juventud Comunista en Camagüey, fue a pelear por la liberación de Angola, y finalmente se hizo maestro en una escuela politécnica de donde no se ha ido nunca más.
Las revolución cubana siguió alfabetizando personas en todos partes del mundo, en algún lugar leí que ya superan los 4 millones en más de 30 países. Mi padre no volvió a ver a la familia de Venerando Jiménez pero de seguro deben andar por ahí, en esas lomas o por esos mundos, sus hijos, y los hijos de sus hijos, donde quieran que estén, deben saber que fue mi padre, un gallito de ciudad de apenas 14 años, Rafael Cruz Suarez quien los enseñó a leer y escribir, por solicitud de Fidel Castro y por justicia de revolución.